sábado, 28 de abril de 2007

As seen on TV!




Todo empezó hace ya varios años, cuando este tema de las ventas por TV aún se asomaba entre comerciales. Ya desde esas épocas, soñaba con un set de cuchillos Ginzu, que cortaban absolutamente todo lo que uno quisiera y sin perder jamás el filo de bisturí. Ojo que lo único que yo hacía en esa época dentro de la cocina era prepararme panes con mantequilla y comer directamente de las ollas. Aún recuerdo a mi mamá llamándome a gritos para almorzar, mientras –pegado a la pantalla- soñaba con tener abdominales de acero, mismo Lou Ferrigno, gracias al AB-Dominator Pro y poder conquistar a las chiquillas del barrio.

Ya los años han pasado y aún no dejo de maravillarme por la calidad del floro de ventas de estos astutos vendedores de ilusiones. A pesar de trabajar en publicidad, confieso que cada vez que hago zapping, me detengo en el canal 29 y me olvido de todos los conceptos marketeros estudiados, y cual terapia, me acurruco con la metralla de argumentos súper bien estructurados y divago entre exprimidores de jugos surrealistas, donde prácticamente puedes meter la fruta con tallo, hojas, raíces y aún así, ésta maravilla te dará el jugo más cristalino y sabroso que te hará llegar hasta los 137 años.
Tónicos capilares capaces de convertir a Gianmarco en el mismísimo Valderrama. Cinturones quemagrasas, que, a punta de eróticas vibraciones hacen que las grasas acumuladas en la guata se vayan hasta los tobillos o simplemente desaparezcan! Fajas medievales que harían que Doña Tremebunda luzca como una cocacolita de kiosko, en fin. Cualquiera que sea nuestra frustración o problema, el canal 29 tiene la solución inmediata y con reparto a domicilio.

No puedo dejar de contarles la obsesión que me produjo llegar una noche de juerga a mi casa y ser sorprendido por el Genius Nicer Dicer. Es decir, sentí que mi vida estaba a punto de cambiar. Era demasiado bueno para ser verdad! Un picalotodo! Adiós a las tediosas sesiones de picar verduras! (casi nunca cocino). Lo único que hacía era imaginarme preparando sendas ensaladas a mis invitados, piqueos, postres de palitos de manzana y todo en un dos por tres! Además, traía de regalo el Magic Peeler, extraordinario adminículo capaz de pelar desde la más tierna zanahoria, hasta la más rústica piña! Y eso no era todo, también traía de regalo un recetario para hacer cientos de platos. Tenía que ser mío. Las operadoras me estaban esperando. La ventaja de no ser un púber, es que sí puedes comprar lo que ves en la tele. Sí, señorita, quiero, necesito el Nicer Dicer en este momento!… este… no hacen entregas de madrugada? Ok. Mañana… Pero tan tarde? Mmm… y si mejor voy yo a su tienda? Pero les quedan en stock, no? A qué hora abren? Aló?

Al día siguiente me levanté con la sonrisa en el rostro y me fui al Quality Products de Benavides. Estaba cerrado. No recordaba si abría a las diez o a las once de la mañana. No importaba. Me estacioné en la puerta para ser el primerito. A las once y cuarto llegó una señorita con cara de recién levantada y con un manojo de llaves. Me miró y la miré con mi sonrisa de niño en puerta de juguetería. Se metió y cerró la puerta de vidrio. Al cabo de unos minutos llegó otra chica. También le sonreí y se metió. Noté que hablaban entre ellas y me miraban a través de la puerta. Luego llegó un patita proactivo que se encargó de levantar las rejas y todo. Ya era la hora de entrar. En realidad nunca había entrado a este lugar. Fue algo muy especial. Ver cara a cara muchas de las cosas que veía en la tele. Pude tocar el Jack Lalaine´s Power Juicer y fantasear con exóticos jugos hasta que me enteré que bordeaba los quinientos Soles. En fin. Soñar no cuesta nada.

Me acerqué al mostrador y sin rodeos pregunté por el Nicer Dicer, con el temor de escuchar “se nos ha terminado”. La señorita sólo giró 180 grados y de una ruma de cajitas, tomó una. Ahí estaba, con sus dos cuchillas alemanas intercambiables, sus tappers indestructibles hechos de no sé qué polímero especial, el pelador de regalo y el librito de recetas que más parecía un escuálido folletín impreso en Bond de 70 gramos. Cóbrese.

Salí disparado rumbo a Wong a surtirme de verduritas frescas y demás especies. Llegué a mi casa y empecé a picar todo lo que pude. Preparé un ensaladón genial, un acompañamiento de huevos duros con mayonesa (as seen on TV). Al final piqué tantas verduras que las tuve que guardar en la refri por varios días hasta que se perdieron en el olvido igual que mi Nicer Dicer que pasó a ocupar un lugar del olvido en una de las alacenas de mi cocina.

Igual suerte corrió un aparato para hacer planchas que me compré hace como un año. Prometía cambiar tu cuerpo en sólo un mes y usándolo cinco minutitos diarios!!! Tenía que ser cierto! Nunca más pondría excusas tontas para no ir a la playa. Mis falsos senos masculinos disminuirían y mi autoestima se dispararía. Qué más podía pedir. Mi pedido llegó al día siguiente en manos de un señor gordito y amable, dentro de un Datsun rojo. Así, sin cajita, sin el manual de ejercicios prometido y con pinta de haber sido fabricado en Yerbateros, sin ofender a los artistas de este lugar, pero el acabado no era el mismo que yo vi en la tele. Pero bueno. Y por una ligera demora en el delivery, me regalaron dos fabulosos quita pelusas! Utilísimos estos cachivaches, sobre todo cuando tienes un perro chusco y pelucón. Disculpa, Lucas.
Resultado: traté de acelerar el proceso de cambio corporal y cual alumno de Pedro Paulet, me embarqué en una sesión de planchas en todas las poses y estilos por más de media hora. Faena que a la mañana siguiente hizo que me cueste levantarme de la cama y que abandone “temporalmente” mi nueva adquisición. Adiós cuerpazo.

A la trotadora de mi hermana, que terminó como perchero.
A las plantillas cura dolores corporales del Chato, que usó por un día.
Al Nicer Dicer que jamás volví a sacar de la alacena.
A mi sofisticada máquina para hacer planchas que hoy descansa empolvada no sé dónde.
A los litros de Herbamatín que usa mi vecino de arriba sin ver crecer un cabello.
A las fajas mágicas de mi jefa que jamás lograron entrar en el cuerpo de ella. (2 x 1, negra y beige, para cualquier ocasión)
Y a todas esas máquinas para hacer abdominales que se pueden encontrar en cada una de sus casas (y no digan que no).

A todos ellos, muchas gracias por hacernos soñar 15 minutos.